No es que no tenga qué decir

es que no se exactamente como hacerlo. Peor aún, no se siquiera si son cosas que quiera decir.
He perdido mi fe en la palabra… en la comunicación. Hasta mis sueños son destellos de pensamientos revueltos y mal elaborados.

El resultado final es que parece que no tengo nada que decir. Tal vez solo estoy aprendiendo a discernir de nuevo.

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