perderse

es fácil. Sobre todo cuando nadie está viendo. Porque a pesar de que uno no quiere estar completamente conectado con todo, lo poco que se conecta a uno es difícil de dejar ir. Como si no sintiese nada… pero hasta cierto punto no quería sentir mucho. Quería seguir sirviendome solo a mí. He estado bloqueando tus ojos desde hace mucho tiempo, así es como sería más adecuado hacer mi acto de desaparición. Cuando te diste una pequeña vuelta, yo ya no estaba. Deje mis pensamientos a un lado, solo como para que te hicieran suficiente compañía. Pero en eso fue cuando me había difuminado del horizonte presencial. Si no me ven, no me siento mal. Pero no siento nada… me quedo a prueba de un solo momento, en el que pueda hacer que esto sea real. Mi yo y tu yo esparcidos en la desesperación del aire entre dos cuerpos. Presencialmente inocuos a nuestra propia inconsistencia. Donde tú eres solo algo un poco mejor… y yo me dejo ir… porque nadie está viendo. Una sombra negra que marca el territorio donde me encuentro se convierte en mi representante más fiel. Miente menos y se mantiene más firme. Decide las cosas con una rapidez fulminante. Deshaciendo las moléculas que toma reproducir su reflejo ante la luz.

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