me han roto el corazón

más de un par de veces. Pero estoy completamente seguro de que tu lo podrías haber hecho mejor que nadie. Porque a ti me hubiera entregado completamente. De alguna extraña manera, eres todo lo que siempre he querido. Excepto por tu voz. Tu voz delata a una persona a la cual tu cuerpo no lleva. Detrás de toda esa perfección, existen vacíos repletos de ecos. Ecos que emanan de tu propia garganta, y son exhalados de tus pulmones mucho antes de empezar a rebotar sin sentido alguno por el mundo. Pero he visto en tus ojos esa duda delatadora. Aquella que nos recuerda a todos que tu sabes acerca de tu mayor debilidad con una precisión inigualable. De la misma manera en la que puedo asegurar tu destreza para partir en mil cachos mi segundo órgano vital favorito figurativo, puedo asegurar completamente lo contrario de mi. Yo te hubiera reconstruido. Totalmente. De principio a fin, hubiera tomado cada uno de esos ecos ambulantes, y los hubiese guardado en mis bolsillos: de donde no escapan excepto las monedas. Tus labios y tus ojos se hubieran mercerizado ante mi voluntad. Porque te hubiera amado. Inequívocamente, te hubiera amado.

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