“Hay gente que es feliz estando sola”

Eso fue lo que me dijo en una ocasión mi terapeuta, con quien ya no asisto. Unos meses después, platicando con Alejandra, una chica ultra-optimista, medio desesperante pero engañosamente perceptiva, termine escuchando lo mismo: “Hay gente que es feliz estando sola¨. Ambas frases surgieron como respuesta a la siguiente afirmación: los humanos somos animales sociales.

Ambas oraciones son igual de ciertas, pero hasta ese momento solo había considerado a una de ellas como completamente natural. Siendo yo un partidario de la supremacía de lo natural, crecí con el estigma de saberme diferente por el hecho de no poder ser un animal social de manera funcional; por lo tanto, desde que alcancé la mayoría de edad, he dedicado una gran parte de mi vida a intentar ser normal. Intentar ser un animal social.

No me gusta convivir con gente que no conozco. No me gusta estar en lugares repletos. Sufro de pequeños ataques de ansiedad cuando estoy en lugares públicos donde las normas de comportamiento son demasiado evidentes, y por lo general no me siento como parte de la misma especie que la gente que me rodea. Me es difícil entender como le hace la gente para conectarse la una con la otra, y sobre todo cuando les resulta fácil. Todo esto lo vivo, lo se, y lo predico como parte de mi mundanidad, y de una u otra manera siempre intento contra-arrestarlo. Intento salir, intento convivir, intento estar, intento no desesperarme: los resultados son atrofiantes, y por lo general me empujan a un sentimiento derrotista, y me acercan más y más a mi estado depresivo.

Pero entonces: “hay gente que es feliz estando sola”. No me había entrado bien en la cabeza hasta que lo escuche salir de la boca de Alejandra. No parecía ser el tipo de persona que tiene esa capacidad de tolerancia empática por la gente que es completamente lo opuesto a lo que ella es. Pero de alguna manera ella lo entendía mucho mejor que yo. No porque fuera parte de su optimismo, sino porque era su antítesis. Me enojó un poco ver como ella podía decir esas palabras tan fácilmente y terminar con una sonrisa. Como si fuera de lo más normal. Como si yo fuera de lo más normal… porque, finalmente, estábamos hablando de mi.

Entonces decidí probar algo diferente. Ser feliz estando solo. Siempre me he sentido cómodo estando solo… sin nadie… sin salir. Se que no necesito de nadie más para ser feliz. Mi felicidad nunca ha dependido de nadie más, de tener pareja, de estar con alguien. No soy esa persona. Pero tampoco era esa persona que creía que, a pesar de que los humanos son animales sociales, podía ser diferente y ser feliz al mismo tiempo… solo. Completamente solo.

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