No se acercan

porque no ven lo que quieren. O porque creen lo que creen. Tal vez porque solo ven lo que creen y quieren lo que creen. Se alejan porque saben. Saben que no pueden tener lo que quieren, y aquello que siempre han querido es más de lo que creen. Se acercan y se alejan: repelidas por su propia esencia. Existen en lugares recónditos, digitales, inmiscuidos en soledad y desintegración. Pero no se acercan, y cuando se acercan se alejan. Un reflejo inesperado es difícil de tolerar.

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