Me das insomnio

porque puedes. No directamente, hacerlo, pero directamente puedes. Cierro los ojos y ni siquiera puedo imaginar tu rostro. Recordar. En su totalidad. Puedo ver tus labios. Tus Ojos. Tu fleco. Tus pupilas y tu iris reaccionando a la luz. Tu vestido. Tu nariz. Que hermosa tu nariz. No se si no puedo dormir por nervios, por miedo, o por deseo. Lujuria no es. Deseo sí. Qué me escondes, que no puedo leerte tan fácilmente como al resto? Que hay en ti que me llama tanto la atención? Porque la he perdido. La capacidad de retener la atención. La tenía y la perdí en el momento en que te asomaste. Tu sombra robo el todo… el pequeño todo que tenía junto a mi, y no regresara hasta que te pueda probar. Necesito esa prueba. Cerca. Acercate. Todavía no te he olido finamente. Quiero saber como besas. Como sabes. Si es que sabes. Qué sabes? Dímelo, para poder dormir. Me das insomnio, me quitas el suspiro y, de cambio, recibo un par de horas extra en la media-noche-madrugada. Devuelveme en somnio, y quedate. Quedate.

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